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Detienen a 55 por la rebelión

7 de octubre de 2010.

Rafael Correa admitió “falla general” de la Inteligencia, mientras el ex presidente y opositor Lucio Gutiérrez anunció que va a demandarlo.

Quito/Washington.- Cincuenta y cinco policías fueron detenidos ayer y se anunció la prisión de 253 más por la insubordinación en Ecuador del jueves pasado, mientras el presidente Rafael Correa admitió una “falla general” de la Inteligencia y su vicepresidente Lenin Moreno reveló que se le tentó para asumir el poder.

En tanto, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, se mostró ayer convencido en Washington de que lo sucedido la semana pasada en Ecuador fue un intento de golpe de Estado, y advirtió de que este caso demuestra que la democracia sigue amenazada en la región.

Los oficiales capturados son investigados por la rebelión de la tropa policial y de un sector militar, que de acuerdo a sus responsabilidades en la asonada les costará de uno a seis años de prisión, mientras el secretario jurídico de la Presidencia, Alexis Mera, pidió a la Fiscalía iniciar indagaciones por intento de magnicidio.

Sin precisar nombres de posibles responsables, Mera dijo que el ex presidente Lucio Gutiérrez (2003-2005) deberá ser procesado en el caso de encontrarse indicios en su contra. Un dirigente del partido de Gutiérrez, el ex militar Fidel Araujo, es el único civil detenido en el caso.

Gutiérrez anunció ayer en Quito que demandará por daño moral a Correa por vincularlo con el intento de golpe de Estado, al negar que haya participado en ese hecho, que dejó diez muertos y 274 heridos.

“El presidente de la República tendrá que probar sus acusaciones y desde ya le indico al país que voy a presentar una demanda por daño moral al presidente y a su entorno”, dijo Gutiérrez al regresar de Brasil, donde asistió como observador en las presidenciales del domingo.

Correa, en una reunión con la prensa extranjera acreditada en Ecuador, admitió ayer una falla general en la Inteligencia que maneja su gobierno, que no pudo advertir el malestar en las filas policiales. Habló también de una “contrarrevolución” estructurada en su organización y en su ideología, para actuar contra la “Revolución Ciudadana”, como llama a su proceso.

Correa dijo que “el golpe no ha terminado” en relación con la sublevación del 30 de septiembre, y afirmó que en cualquier momento “algún loco nos puede meter un tiro”. El vicepresidente Lenin Moreno reveló que el día de la rebelión recibió llamadas, cuyos autores no identificó, que indagaron su disposición a asumir el poder en reemplazo de Correa, lo que él no aceptó porque “la Revolución Ciudadana incluye la lealtad”.



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