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Obama asume la culpa por “paliza”

4 de noviembre de 2010.

Washington.- El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, consideró ayer que los alcances de la derrota demócrata en las elecciones intermedias, que le costará a su partido el control de la Cámara de Representantes, constituyeron “una paliza” por parte de los republicanos.

“No le recomiendo a ningún futuro presidente que sufra un revés como el que sufrí (el martes) por la noche. Estoy seguro de que hay formas más simples de aprender estas lecciones”, confesó.

En conferencia de prensa desestimó que la pérdida de más de 60 escaños en la Cámara baja y el recorte de su mayoría en el Senado represente un referendo sobre las políticas que impulsó y que, insistió, hicieron una diferencia en la economía. “No hay duda de que la preocupación número uno de la gente es la economía, y expresó su enorme frustración sobre el hecho de que no hemos hecho suficiente progreso en la economía”, aceptó el mandatario.

Obama insistió en que las políticas que su gobierno aplicó para hacer frente a la crisis económica, pese a todas las críticas, evitaron que la situación se agravara. “Estabilizamos la economía. Tenemos generación de empleos en el sector privado, pero la gente en Estados Unidos no está sintiendo el progreso, no lo ve”, admitió, en alusión al elevado índice de desocupación.

Obama manifestó que tiene apertura para buscar puntos de consenso con los republicanos y escuchar “buenas ideas de donde sea y de quien sea”.

El mandatario afirmó que habló con el líder de los republicanos en el senado, Mitch McConnell, y con John Boehner, quien se convertirá en presidente de la Cámara de Representantes cuando el nuevo Congreso se reúna en enero, para “ver cómo podemos avanzar juntos”.

Reconoció que la tarea no será fácil, tras apuntar las profundas divisiones ideológicas entre ambos partidos. “Debemos encontrar bases conjuntas para lograr avances”, dijo en su discurso en la Casa Blanca. Ninguna parte deberá dictar nada a los otros. “Republicanos y demócratas deben llevar a cabo conversaciones serias”, consideró.

Expresó que trabajará con los republicanos sobre un programa de alivio tributario que está previsto a expirar a finales del año y sobre el cual no existe consenso entre ambos partidos.

El mandatario aseguró que cuando el Congreso reinicie sus labores para concluir el actual periodo legislativo, su objetivo “será asegurar que no tengamos un enorme aumento de impuestos para las familias de clase media”. No mencionó su propósito de permitir que expiren los recortes a la clase alta, en el que había insistido durante la campaña, contra la voluntad de los republicanos.

El presidente pareció anticipar que abandonará el empuje en el Congreso a una iniciativa para reducir las emisiones de carbono, algo a lo que se oponen los nuevos miembros en el Senado. “Voy hacer frente a este problema de otra forma”, dijo.

La derrota fue humillante para la otrora figura avasallante del presidente y el cambio se notó en su rueda de prensa. Ya no sonrió ni se mostró efervescente, sino más bien sombrío, al reconocer que sus medidas pueden haber distanciado a muchos ciudadanos. “Creo que la gente comenzó a observar todo esto y le pareció que el gobierno se estaba volviendo mucho más intrusivo en sus vidas de lo que estaban acostumbrados”, reconoció.



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