Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
Inteligencia urbana

22 de noviembre de 2010.

Con agrado me entero que la Secretaría Técnica del Municipio de Juárez 2010-2013, dispone la integración al Plan Municipal de Desarrollo de la gestión que recién inicia, de propuestas y metodologías largamente concebidas en el tiempo y diversos espacios por parte del Plan Estratégico de Juárez.

Es de vital importancia no seguir despilfarrando el capital institucional y social que el PEJ representa desde hace más de una década para el maltrecho e irracional “modelo” de crecimiento de Ciudad Juárez; racionalidad urbanística, propuestas de crecimiento y desarrollo a partir de consensos conjuntos tomados con especialistas y la ciudadanía en concierto, diálogo social y propositivo en la dinámica participativa del Pacto por Ciudad Juárez, y de manera urgente y enfática, el diseño de un nuevo modelo de gobernabilidad para esta comunidad fronteriza, lacerada por diversas plagas, desde las prácticas políticas de gobiernos parasitarios, hasta el dominio salvaje de la violencia sin control.

Es tiempo sin retóricas para ceder con sentido de urgencia inaplazable, el comando inteligente del diseño y reordenamiento del modelo de desarrollo urbano, a las instancias que disponen de los instrumentos y herramientas tanto conceptuales como metodológicas y de procesos avanzados de consulta y participación ciudadana. La mezquindad política en complicidad viciosa con la voracidad electorera, ha venido de manera torpe posponiendo la aplicación de la inteligencia de planeación efectiva y capaz a las organizaciones que la ciudad ha generado para encontrar su ruta a la racionalidad urbana y a la gobernabilidad correspondiente, encontrando como lógica consecuencia el camino al abismo de patente visibilidad por el que se transita hoy.

El Plan Rector de Desarrollo Municipal no se puede dar el lujo de continuar con ese sendero de cretinismo y bochornosa ineptitud teñida hasta el asco de corrupción e impunidad, que ha caracterizado a las anteriores administraciones en sus rutas fallidas en la supuesta planeación y evaluación de los asuntos que conciernen a la buena marcha de una ciudad enferma de incapacidad, dolo, voracidad, imbecilidad y estupidez de sus “gobernantes” mafiosos. Por el contrario, la presente administración necesita pasar la prueba pública de la congruencia, sustentada en la inteligencia y en la probada capacidad de convocatoria para el consenso de sobrevivencia. En ese sentido, no solamente se dispone del recurso consistente y profesionalizado de la participación ciudadana masiva que el Plan Estratégico de Juárez representa a través de su curso activo del Pacto, sino que también se cuenta con las poderosas razones técnicas de una institución como el IMIP –Instituto Municipal de Investigación y Planeación-, que con 15 años de comprobada productividad en su ramo, viene a significar otra ruta de sentido urgente para el recobre o rescate de la inteligencia social.

Los propósitos que al parecer llevan al PEJ a aceptar la integración al Plan Municipal de Desarrollo son básicos; conformación de un comité de seguimiento del referido Plan, ruta crítica de evaluaciones periódicas para verificar el cumplimiento efectivo de las metas y procesos que conduzcan a la realización de lo propuesto por el mismo, y, garantizar el término de las recurrentes simulaciones que los gobiernos han hecho con este tipo de capital social en movimiento. Insisto, es de vital importancia hacer conciencia y dar jerarquía con sentido de urgencia a lo que significan instituciones como el PEJ a través del Pacto por Juárez, así como el IMIP en sus respectivas aportaciones complementarias al buen rumbo de la ciudad. Es cierto que el organismo social ya no dispone de energías utópicas que lo entusiasmen para llevar adelante procesos de cambio de alto vuelo, sin embargo, es indispensable alertar acerca de los escenarios mayores que esperan a la ciudad a partir del uso de mayor o menor inteligencia en el diseño urbano. El horizonte mayor es la presencia de un dilema; o bien se retoma la opción de crecer a partir de un capitalismo industrial urbano con criterios de justicia social, amparados por un Estado benefactor no populista, o mal, se consolida un capitalismo criminal de tipo narco con la vigencia de un régimen económico y político sumido en la mafiosidad, excepcional corredor mundial de violencia con aroma a cuartel.



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