Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
Diálogo con el mal

30 de noviembre de 2010.

Verdaderamente interesantes e inquietantes los conceptos vertidos en la edición dominical de El Diario el día de ayer, en la cual se señala la postura de ayuno y oración por parte de los seminaristas de Ciudad Juárez, en el sentido de incluso llamar al diálogo por la paz a los sicarios que operan en esta frontera con un trabajo de sangre y muerte, por un lado, y por otro en un sentido complementario, la visión siempre fina de Hesiquio Trevizo en relación a la problemática actual del “hombre en situación” y la necesidad de rescatar como última posibilidad de sentido en el mundo, a la concepción cristiana de la vida, terrenal y siempre trascendente.

Nos preparamos en ese sentido para la temporada de Adviento en el calendario ritual cristiano, y en esa lógica, resulta indispensable referir a los esfuerzos que las instituciones religiosas hacen para ser significativas en un momento que convierte a Ciudad Juárez en lo específico, en un espacio propicio para toda forma de crisis humana y a la vez por ese mismo hecho, en un escenario de intervención humanística y religiosa de excepción, con propósitos de ir construyendo una socialización cultural que reivindique desde el testimonio cimbreante del dolor, la autenticidad de la experiencia humana con vocación siempre al amor y la felicidad, enfocadas a la trascendencia que surge del referido testimonio.

Bien dicen a mi parecer los seminaristas concentrados en el ayuno y la oración, que lo que se libra en Ciudad Juárez es un fragoroso “combate espiritual”, guerra efectiva, intensa y profunda que obliga a la implicación de la integridad toda, de una sociedad que percibe los síntomas de descomposición en todos los poros del lastimado tejido humano y social del cuerpo colectivo, situación que llama literalmente a comprometer lo mejor de cada uno, en una lucha que tiene que ver con lo que se puede reconocer como “el Mal” que nace de un estado de cosas ganado para la depravación, el cinismo y el olvido de los referentes de sentido que alguna vez intentaron normar a una civilización que se tendió con olvidadizo placer en la cama seductora de un consumismo de embrujo tecnológico.

Es así que el argumento que se observa en uno de los planteamientos editoriales de Hesiquio Trevizo, consiste precisamente en observar el fundamental esfuerzo del Papa actual, Benedicto XVI, para recuperar un sentido del significado del mundo y la vida a través de la nobleza reflexiva de las palabras, poniendo en su justo sitio perceptivo y de significación al mundo vertiginoso de imágenes y ruidos, que ha traído la multicitada posmodernidad que hoy vivimos.

Sin duda, tanto el llamado total al diálogo que los jóvenes seminaristas de Ciudad Juárez hacen incluso a “las fuerzas del Mal”, como la reivindicación de la palabra de fe, inteligente y reflexiva que se contempla en el editorial del distinguido prelado juarense, hacen perfecto concierto para involucrar a una comunidad humana y religiosa en la angustiosa y profunda búsqueda de formulación de preguntas claras y de soluciones consecuentes, para un estado de cosas, en situación, que deberá fortalecer el sentido de conciencia y espiritualidad en los tiempos de revaloración de la vida humana que sobrevendrán para Ciudad Juárez.

Sin embargo, debe reconocerse en este mismo sentido, que no es suficiente el esfuerzo institucional y de testimonio personal de la o las iglesias de Ciudad Juárez para enfrentar con posibilidades de éxito la compleja situación de caos existencial que hoy se sufre; transitar a un nuevo orden de convivencia pasa por fomentar todo el proceso de socialización humana a partir del desarrollo de la inteligencia y formas renovadas de aprendizaje, no hay alternativa que valga en semejante reto.

Educación se llama concretamente el desafío. Sin cambio en las formas del pensar, no existe la posibilidad de cambiar las del actuar. Es indispensable generar la inteligencia para aprender de manera distinta a la tradicional; autoritaria, clientelista y simuladora. Sin embargo, es necesario observar que vivimos en un ambiente propicio para la conducta política y socialmente rígidas; el flujo de una inteligencia lúcida, noble y liberal, atenta en contra de los intereses anclados en las perspectivas corporativas y facciosas que conciben al país como botín.



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