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Millones de iraníes celebran Ashura, la fiesta más sagrada del chiísmo

16 de diciembre de 2010.

Teherán.- Millones de penitentes iraníes conmemoran hoy la fiesta de Ashura, que marca la esencia del chiísmo y recuerda el martirio de Husein, el tercer Iman chií, a manos de las huestes suníes.

Una tradición sustentada en el dolor festivo, que se celebra en familia durante los primeros diez días del mes de Muharran, en los que hombres, mujeres y niños vestidos de impenetrable luto recorren las calles en un prolongado lamento.

Husam Amin tiene 16 años, la mirada esquiva y algunos pelos que comienzan a poblar la incipiente barba.

Desde hace una década, sale cada mes de Moharram con una compañía de hombres y mujeres que se reúnen en torno a una oficina de la milicia de voluntarios islámicos Basij en el sur de Teherán.

Comenzó como todos, fustigando rítmicamente la espalda con anillas sujetas a un mango de madera al paso que marca la música fúnebre.

Ahora, es él el que impone el ritmo con un gran tambor dos veces mayor que su cuerpo.

Ha caído la noche previa a Ashura y grupos de familias, con niños e incluso bebés vestidos de mártires, se concentran poco a poco en una de las plazas que cortan la avenida Vali-e Asr, la más larga de Teherán.

En cada esquina, el frío del invierno se combate con el té y la comida gratis que se reparte desde los tenderetes de duelo.

"Ashura demuestra nuestra fe y nuestra esperanza. Simboliza el combate contra la tiranía y la opresión. Aún vivimos cada día en Ashura contra los enemigos de occidente", explica a Efe con una mezcla de provocación y orgullo.

"Los enemigos han vuelto a atacarnos, pero como el Iman Husein, nunca cederemos", agregó.

Este año, la festividad ha quedado teñida de sangre a causa de un atentado suicida perpetrado durante las ceremonias de la víspera (Tasua) en una mezquita de la ciudad portuaria de Chabahar, en la frontera con Pakistán.

Al menos una treintena de personas murieron y más de medio centenar resultaron heridas en un ataque cuya autoría fue reclamada por el grupo rebelde suní baluche "Yundula", (literalmente Ejército de Dios).

El año pasado, ocho personas perdieron la vida durante el Ashura en la represión de las protestas de la oposición, disconforme con la reelección meses antes del presidente, Mahmud Ahmadineyad, que consideran fruto de un fraude masivo.

Este año, esas manifestaciones han quedado reducidas a gritos de algunos grupos de "muerte al dictador", afirman páginas web cercanas a la oposición.

El martirio de Husein, nieto del Profeta Mahoma, y de 72 de sus compañeros en la ciudad iraquí de Kerbala -que se rememora en Ashura- constituye la esencia del chiísmo como corriente particular del Islam.

Mahoma, primer Profeta y fundador, murió en el año 632 sin nombrar sucesor, hecho que desató una batalla en su incipiente comunidad.

Los ortodoxos, o suníes, que eligieron como califa a Abu Bakr, lugarteniente del enviado de Ala, los chiíes, que reclamaban el honor para Alí, primo y yerno de Mahoma y los jariyíes que apostaban por "cualquier buen musulmán".

Tras tres intentos, Alí fue designado cuarto califa del Islam pero fue asesinado por un jariyí en el año 656 cuando rezaba en una mezquita de Kufa, en el actual Irak.

En ese momento, el Islam se quebró entre los seguidores del califa omeya -suníes, actualmente mayoritarios- y los partidarios de Alí o chiíes, que reclaman el califato para los descendientes de Mahoma.

Tres lustros después, en el año 680, la ruptura se agravó con el asesinato de Husein, hijo de Alí y nieto del Profeta, a manos del segundo califa omeya Yazid I en Kerbala.

Desde entonces, suníes y chiíes difieren en la doctrina pero comparten el dogma y algunas tradiciones.

Además, en los chiíes está fuertemente arraigado el sentimiento de martirio y de estirpe agraviada, y la creencia en la llegada del Mahdi, el Imán oculto que reaparecerá al final de los tiempos para implantar el reino de la paz.

Ataviados con trajes de época, la epopeya de Husein y el chiísmo se representa cada Ashura en plazas y calles por grupos de actores bajo el nombre de Tazieh.

Fatemeh, como muchos de los que contemplan la obra esta fría mañana de jueves frente al Gran Bazar de Teherán, no puede contener las lágrimas cuando un niño vestido de negro y con una cinta verde atada a la frente despide a su tío antes de la batalla.

Una columna de penitentes vestidos de riguroso negro y con un cuenco en la mano cruza entonces la plaza implorando agua para aquellos que asediados, padecieron también de hambre y sed en Kerbala.

"En Ashura, la gente llora porque tiene alguna petición especial, algo que le angustia y que quiere que se resuelva", explica a Efe su marido.

Dos calles más al este, bajo el lánguido lamento del muecín en la mezquita, un grupo de personas enarbola un gran estandarte y degüella un cordero en señal de duelo festivo.



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