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La opinión de:
Sergio Armedáriz
Pueblo

28 de diciembre de 2010.

No cabe duda que la sustancia de la vida política estatal es y debe ser la sociedad civil organizada. Nuestra vida pública adolece de las virtudes republicanas de preservación de la identidad soberana, la igualdad ante la ley y especialmente de la justicia social que le brinda en último término la legitimidad fundamental al Estado llamado de derecho.

Para cambiar la realidad social que tanto ha venido lastimando a la sociedad civil de Ciudad Juárez y de todo el país, se hace necesario distinguir en complementariedad diferenciada a lo estatal de lo social, a esto último de la esfera de lo privado. Grave problema de operatividad política ha sido el hecho de contar con una estructura colectiva que no ha sabido distinguir las distintas dimensiones que componen los intereses que actúan en esta estructura atrofiada por la confusión de lo público, lo privado y lo social; el patrimonialismo sigue constituyendo un poderoso obstáculo para lograr el despegue definitivo de una transición democrática enredada, la democracia sin adjetivos y con buena fe, terminó por convertirse en la parturienta de una forma de distribuir el poder nuevamente teniendo a las élites excluyentes como piedra de toque, es decir, se presentó lo que ya ampliamente se conoce como el giro del presidencialismo autoritario a la partidocracia hermética.

Partidocracia que por supuesto ha exhibido con mayor contundencia la llamada crisis de los partidos políticos, organismos de supuesto y formal interés público que por la vía de los hechos y de manera prácticamente generalizada se han convertido en membretes que dan cobijo a intereses de corte particular o en todo caso en franquicias que reproducen intereses de grupos de poder, no pocas veces con tufo a mafiosidad.

El 2011 traerá como obligación de una nueva ingeniería social, la consideración obligada de fortalecer la participación del pueblo, entendida como la acción vital de la sociedad civil organizada de manera autónoma y a la vez en inteligencia colaborativa con el sector propiamente estatal, es decir, con las administraciones que temporalmente y en acotamiento de periodos constitucionalmente establecidos, dirigen y gobiernan los destinos de la totalidad social.

Es indispensable fortalecer la unidad sin convertir el proceso de lograrla en abuso de la confianza ingenua. Sin que suene a retórica populista desgastada e inútil, es tiempo de empujar juntos en la misma dirección hacia un modelo de desarrollo social que se caracterice por el respeto a la identidad, la legalidad y el patrimonio público, así como de la urgente justicia social para evitar el desbaratamiento de historia e instituciones.

Ciudad Juárez no puede más seguir convertida en presa de caprichos y venalidades de los hombres del poder, provengan éstos de donde sea, estén donde estén, vayan a donde vayan. Ciudad Juárez demanda una poderosa aplicación de inteligencia social y pública que la saque de la letargia violenta que parece no topar límite, asumiendo que especialmente en los momentos álgidos de conflicto, la inteligencia es irrenunciable, tanto en la crítica con justicia, como enfocada a las propuestas progresistas de cambio social.

Ciudad Juárez cuenta con activos sociales e institucionales, incluso históricos, muy trascendentes que le permitirán salir de la coyuntura de drama con estancamiento en que actualmente vive. Se puede mencionar a lo mejor de la herencia de sus trabajadores agrícolas; al decisivo y determinante sector de la manufactura de su industria maquiladora, identitario al interior y proyectivo hacia el mundo; el comercio organizado que lucha desde este convulso espacio social para conservar y reactivar la vida económica fronteriza y su neurálgico propósito de generación de empleos; organismos de trabajadores que se han comprometido por largos años en el sector industrial y de servicios con lo mejor de esta tierra generosa; nuevas agrupaciones de la sociedad civil organizada que son verdadera vanguardia en la construcción y defensa de la ciudadanía en dolorosa construcción, entre otros.

Es a este Pueblo de Juárez al que deberá dedicarse íntegramente a servir el Estado entendido como “sector estatal” en el inminente 2011, teniendo como fondo el reclamo de un rezago social masivo que exige ya sin la menor tardanza su reencuentro con la dignidad.



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