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Ejidatarios defienden a la monarca del crimen organizado

29 de diciembre de 2010.

Naucalpan. Con machete en mano, los herederos de los bosques milenarios se enfrentan a los cuernos de chivo en un intento por evitar el colapso cultural y social de sus grupos que, a pesar de vivir en pobreza extrema, defienden con la fuerza de sus tradiciones la subsistencia de la mariposa monarca de las incursiones de la delincuencia organizada.

Desde tiempos ancestrales los indígenas las nombran “palomas”, cuya llegada anuncia el retorno “de las almas de los muertos que auguran la buena cosecha”.

Decretada en el año 2000 como Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca para su hibernación, este santuario con más de 56 mil hectáreas, ubicado en la Sierra del Campanario enclavado en el Eje Volcánico del Valle de Toluca, es también una de las principales zonas generadoras de agua destinada al consumo de los habitantes del área metropolitana de la ciudad de México.

“El Eje Neovolcánico, imponente barrera natural que el conquistador Hernán Cortes tuvo que cruzar para llegar al Valle de México y escenario de cruentas batallas durante el movimiento de Independencia, es también una de las regiones biológicamente más diversas de país; pero también, escenario de enfrentamientos de sus escasos pobladores , herederos de los bosques de oyamel , pino y encino, que defienden con machete en mano las incursiones del crimen organizado”, advierte el estudioso ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México Gerardo Ceballos.

El descubrimiento científico del fenómeno de la migración de la mariposa monarca y sus refugios a mediados de 1970, puso al descubierto la ingobernabilidad de los bosques, que parecen perderse entre la niebla matutina y se erigen como gigantescas sombras que buscan alejar las irrupciones a su tranquilidad milenaria socavada por el estruendo de las motosierras.

“Cuando se descubrió el fenómeno de migración, los bosques de oyamel y pino cubrían más de 150 mil hectáreas que se extendían en los estados vecinos de Michoacán y de México. A pesar de que ya existía la tala, los bosques silenciosos, refugio invernal de la mariposa, parecían inmunes. Sin embargo, en las décadas de 1980 y 1990 la tranquilidad fue penetrada por el ruidoso funcionamiento de las motosierras .

Pero además “grupos de delincuentes bien organizados armados con AK-47 invadieron en lugar amparados por funcionarios corruptos y banales”, afirma el experto Gerardo Cevallos.



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