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Una Hungría desafiante asume la presidencia de la UE

31 de diciembre de 2010.

Budapest/Bruselas.- Las decisiones del gobierno húngaro de reforzar el control sobre los medios de comunicación y hacerse con activos de pensiones privadas enfurece a sus socios en la Unión Europea, en momentos en el que el país de Europa central asume la presidencia semestral rotatoria del bloque.

Los pasos del primer ministro, Viktor Orban, y su partido Fidesz han provocado rechazos poco habituales de parte de Reino Unido, Alemania y Luxemburgo, cuyo ministro de Asuntos Exteriores cuestionó abiertamente la semana pasada si Hungría se "merece" dirigir la UE.

Berlín y otras capitales han presionado a Budapest para que modifique su nueva ley de prensa incluso antes de que entre en vigor, preocupados porque su dureza puedan dañar el mensaje europeo a favor de la libertad de expresión dirigido a países como Rusia y convertirse en una distracción mientras la UE trata de luchar contra la crisis de la deuda.

En una clara advertencia al gobierno de Orban, el viceministro alemán de Asuntos Exteriores pidió el jueves a Budapest que despeje los temores "rápidamente".

"Asumo que no se ha dicho la última palabra del gobierno húngaro sobre este asunto", declaró en el diario Frankfurter Rundschau.

Pero de momento, Hungría se mantiene firme.

El jueves, el presidente ratificó la ley, que establece una nueva autoridad para los medios de comunicación ocupada por cargos leales al Fidesz, que supervisará las noticias públicas y tendrá poderes para imponer fuertes multas a los medios privados.

Orban, cuyo partido de centroderecha logró dos tercios de los escaños en las elecciones parlamentarias de abril, se ha resistido a las presiones para cambiar la ley, que argumenta ha sido malinterpretada por extranjeros no conocedores de la situación interna del país.

Este enfrentamiento llega en un momento crucial para los 27 estados miembros de la UE, que se preparan para aprobar unos cambios controvertidos en el Tratado de Lisboa que crearán un nuevo mecanismo de rescate financiero para los países de la Eurozona y aprueba nuevas reformas con las que fortalecer la disciplina presupuestaria.

Durante estos seis meses, Hungría presidirá el inicio de las negociaciones sobre el presupuesto comunitario a largo plazo 2014-2020, en las que Reino Unido, Alemania y Francia se enfrentarán previsiblemente a países más pobres del centro y el este de Europa.

Además, la UE tendrá que afrontar cuestiones polémicas como la integración de la minoría gitana y el intento de Bulgaria y Rumanía de entrar en la zona Schengen, que permite viajar sin pasaportes.

Para tener resultados positivos, los analistas dicen que Orban - un abogado de 47 años que se hizo famoso en 1989 cuando exigió a las tropas rusas que se fueran del país durante la ceremonia de entierro del ex primer ministro Imre Nagy - debería cambiar su estilo antagónico que ha atraído a los húngaros pero hace ruido en sus socios.

"No puedes portarte como un elefante en una cacharrería. La UE no funciona así", dijo Zoltan Kiszelly, un analista político.

También ha sorprendido fuera de Hungría su política económica, que contrasta radicalmente con la austeridad predominante en el resto de Europa.

Cuando llegó al poder, anunció que no ampliaría el acuerdo para el préstamo de 20 mil millones de euros alcanzado con la UE y el FMI que ayudó al país a evitar la catástrofe financiera en el 2008.

Ha recortado la jurisdicción del principal tribunal del país y ha colocado a sus partidarios al frente de instituciones públicas en un intento de consolidar su poder.

Este mes, logró el apoyo parlamentario para hacerse con el control de 14 mil millones de dólares en activos de pensiones privadas para intentar recortar el déficit.

Además, su Gobierno pretende modificar la ley sobre el nombramiento de los integrantes del consejo de política monetaria del banco central, una decisión considerada por muchos como un intento de obligar a la institución a que tome medidas de alivio monetario que apoyen su programa a favor del crecimiento.

El Banco Central Europeo ha criticado esta idea, y los inversores han comenzado a estudiar el riesgo de la tensión creciente entre Gobierno y banco central.



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