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'Hay una explosión de asalto, extorsión y secuestro': Kevin Casas-Zamora

16 de febrero de 2011.

México está luchando por evitar un colapso de la ley y el orden en su frontera norte, una región que genera una cuarta parte de su producto interno bruto, donde dos estados enfrentan la persistente amenaza de la anarquía criminal.

Incluso después de cuatro años de grandes operativos militares, los cárteles del narcotráfico en los estados de Chihuahua y Tamaulipas han extendido su control en amplias regiones, mientras los gobiernos locales parecen ser más impotentes para frenarlos.

Masivas fugas de prisiones, estaciones de policía abandonadas, despiadados asesinatos y los cárteles extendiendo sus negocios ilícitos como el robo de gasolina de ductos, son la nueva realidad en regiones alguna vez al frente de los esfuerzos de México para modernizarse y prosperar bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Hombres armados asesinaron el domingo en la noche al menos a 18 personas cerca de Ciudad Victoria, capital de Tamaulipas, atacando a tiros un autobús de pasajeros y edificios del gobierno, aunque la noticia del episodio violento no fue publicada en diarios y cadenas de televisión locales.

La policía halló a principios de este mes la cabeza cercenada de un bebé de dos meses tirada en la ciudad de Delicias, en Chihuahua, en uno de los más crueles crímenes de venganza que dejan cicatrices en el estado.

"Los criminales están debilitando fuertemente a las policías y gobiernos locales", dijo Kevin Casas-Zamora, un analista de Brookings Institution en Washington y un ex vicepresidente de Costa Rica. "Hay una explosión de asalto, extorsión y secuestro", explicó.



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