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Destapa militar preso caso Marisela Escobedo

30 de mayo de 2011.

Chihuahua, Chih.- Marisela Escobedo no fue asesinada por elementos militares, según afirmó un soldado presó al destapar en testimonio a la luz pública la serie de transgresiones al interior del cuerpo castrense, los vínculos que se tiene con los grupos criminales y delitos como robos, botín de guerra, muertes y protección a delincuentes que se ejercen dentro de los cuerpos de la milicia y de los cuales Chihuahua no ha sido la excepción.

Fue en una publicación de la revista Proceso en la que mediante testimonio y bajo anonimato, varios militares presos en las instalaciones de la prisión del Campo Militar No. 1, confiesan la serie de irregularidades dentro de la corporación castrense, de cómo se opera la ilegalidad obteniendo botines de guerra, según un agente preso transferido a Chihuahua.

En la publicación de Proceso, los militares encarcelados señalan parte de las estrategias y el desarrollo de la lucha que enfrentan con grupos delictivos y del narcotráfico, arriesgando la vida ya que su objetivo es “matar” y de equivocarse son traicionados, tal y como le pasó a uno de los entrevistados el cual destacó que han llegado a asesinar a civiles.

Dicho preso militar contó cómo en un operativo al detener a un criminal que operaba como “halcón” de una banda del crimen organizado por descuido a su tropa se le pasó la mano y lo mataron, siendo él acusado de responsable y metido a la cárcel.

En esta declaración se le cuestiona acerca de los objetivos a matar, tales como grupos criminales o derecho humanistas”, asegurando que no se descartaba que a ambos privaran de la vida, pero aseguró que el único caso que no estuvieron involucrados los militares fue en la muerte de Marisela Escobedo, según señaló como se muestra a continuación parte de la publicación.

La mayoría de los soldados encarcelados sienten que fueron traicionados por sus superiores y que pagan los errores de estrategia de la guerra de Calderón. Un oficial procesado por la muerte de un presunto halcón, considera que hay una gran hipocresía porque “nosotros somos entrenados para matar y sabemos que para ascender o lograr otro grado, no hay otra forma que dar resultados sea como sea… a los superiores no les importa”.

Cuenta: “Para qué le digo que no; sí le di unas cachetadas a ese cabrón (el halcón), pero no había otra forma de que hablara. Estábamos en su casa, hacía mucho calor, me salí unos minutos para respirar un poco y dejé a la tropa con el halcón. Sólo fueron unos minutos que salí a respirar y cuando regresé, el tipo ya estaba tendido en una mesa, muerto. Se les pasó la mano: le metieron la cabeza en una cubeta de agua y no se dieron cuenta cuando le dio un paro cardiaco.

“Yo di parte a mi superior, pero no creí que me acusaran a mí; son unos grandes hipócritas. Me ha tocado limpiar chingaderas de otros que no son tocados porque son gente del general secretario”, suelta indignado.

“En una ocasión, me dieron la orden de dirigirme a un punto en Reynosa. Ahí estaba una unidad de Gafes que sólo obedecen órdenes del general secretario y del presidente (Calderón). Hicieron una matazón de zetas y a mi unidad le tocó limpiar esa porquería”.

– ¿Ese grupo especial sólo ejecuta narcotraficantes?

– Al que ordenen el general secretario y el presidente.

– ¿Defensores de derechos humanos?

– Puede ser. El único caso que sé que no fueron ellos, es el de la señora que mataron en Chihuahua, a la que le mataron a su hija.

Se refería a Marisela Escobedo.

Mas adelante en la publicación de Proceso se señala:

Cuenta un oficial que fue transferido a Chihuahua: “En mi primer operativo me sorprendió ver que los soldados salían con mochilas vacías. Llegamos a una casa donde encontramos droga y armas y de repente vi que los soldados empezaron a robarse cosas; yo traté de pararlos pero llegó un capitán y me dijo que no me hiciera el inocente. Vino después un mayor y me dijo: ‘A ver, llévate este aire acondicionado’. Me negué y el capitán intervino: ‘Es una orden de un superior’, y subieron el aire a mi camioneta.

“Después llegó un coronel y por la radio se comunicó con el general de la zona, quien le preguntó qué había en la casa. Yo creí que el coronel le iba a pasar un reporte de la droga y de las armas, pero no: le empezó a describir las televisiones de pantalla plana que había, el refrigerador, las computadoras, y el general le dio órdenes de llevar algunos de los artículos a la casa de una señora que, después me enteré, cortejaba”.



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