Weekly News

La Opinión de:
Edna Lorena Fuerte
La Justicia en tiempos electorales

13 de junio de 2011.

Hay tanto de qué inculpar y por qué juzgar a Hank Rhon, y otro tanto de igual manera a Pablo Salazar Mendiguchía, que terminan por ser indefendibles, no hay argumento que permita anular o denostar el hecho de que tienen que estar frente a la justicia; sin embargo, justamente es la propia objetividad de la justicia la que demanda el que se despoliticen ambos casos, no en el sentido de que sea valorados fuera de su contexto, sino que se impida el que se haga un uso faccioso de la justicia, que busca más espectacularidad con finalidades electorales que la verdadera aplicación de la Ley.

Las formas pueden terminar por afectar de manera definitiva el fondo de los asuntos cuando de materia jurídica se trata: un proceso que incurra en yerros, la falta de aportación de pruebas o el oportunismo pueden terminar por servir al propio acusado de herramientas para su defensa y librarse de la mano de la justicia por la forma en como las autoridades han actuado contra ellos. Tal pareciera que el hecho, que muchos toman casi como evidencia, de que ambos casos lleven un mensaje político, termina por poner la atención en esa segunda lectura y deja los hechos delictivos que se persiguen como en un segundo plano.

Para muchos ciudadanos los casos de aplicación de la justicia que llevan un cariz político, de alguna forma, adquieren una interpretación distinta, se buscan las señales, las correlaciones que nos llevan a entender por qué se lleva a cabo esa acción, por qué la espectacularidad y el momento en qué sucede, y entonces parece que anulamos la situación primordial: el hecho mismo de la delictividad sobre la que se debe aplicar la ley.

Quienes hacen uso político de la justicia terminan por demeritar tanto a la política, con sus propias reglas, con los ciclos de las contiendas electorales y sus propios mecanismos de legitimidad, pues parecen no poder contender en esas arenas sin recurrir a otros terrenos como es en estos casos los de la justicia, a la que a su vez también demeritan por hacerla aparecer como instrumento de los intereses de los grupos de poder político.

Muchos han querido ver en estos casos una especie de mensaje político de fuerza y legitimidad, muchos otros recuerdan la forma en que el entrante presidente Salinas encarceló al líder sindical para dar un golpe certero y mostrar su mano firme; sin embargo las condiciones que vivimos actualmente son absolutamente distintas y los casos que ponemos sobre la mesa son enteramente de otras características. Se trata hoy del quinto año de un gobierno del que se tiene mucho qué cuestionar, del que se espera que rinda cuenta en algún momento y del que buena parte de la opinión pública aun le resta legitimidad. Se trata también de un año en donde una elección local, la del Estado de México, marcará el primer avistamiento hacia la sucesión presidencial.

No es poco complejo el panorama, y en honor a ello, la exigencia debe estar en no confundir y comprometer la autonomía y libertad de acción de los distintos poderes. No es un secreto que, lamentablemente, en nuestro país la justicia está al servicio de los intereses políticos; pero resulta altamente ofensivo para la ciudadanía el manejo tan burdo de casos tan delicados. Ambos personajes representan algunas de las peores “costumbres” de nuestra clase política: la opulencia, el cinismo, el enriquecimiento, la corrupción, la ilegalidad, la violencia y descomposición de los personajes del poder, es ahí justamente donde debemos ver la acción de la justicia con mayor pulcritud, ecuanimidad y conducta intachable.

No podemos permitir que justamente sobre estos personajes caiga la benévola interpretación de que se les castiga por los intereses en turno y no por las actividades claramente y comprobablemente ilegales que hayan realizado. Hank Rhon y Pablo Salazar son dos de muchos políticos mexicanos indefendibles, que deben estar frente a la justicia, rendir cuentas y pagar por lo que hayan hecho; pero hacerlo en “tiempos electorales”, con espectacularidad mediática y argumentos jurídicos endebles es la peor forma de hacerlo. Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Gracias.

Cd. Juárez, Chihuahua a 13 de Mayo de 2010



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