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'Mi destino ha estado vinculado siempre a este noble estado': Luis Álvarez

14 de junio de 2011.

Chihuahua, Chih.- "Es un honor estar en esta alta tribuna del Congreso chihuahuense que reúne a la pluralidad política de la entidad. Agradezco su generosidad al convocarme a esta sesión solemne, que me brinda la oportunidad de dirigirme a ustedes", comentó Luis H. Álvarez.

Siendo originario de Ciudad Camargo, mi destino ha estado vinculado siempre a este noble estado, cuyo nombre he llevado con orgullo a donde voy.

Aquí, en Chihuahua, conocí el fruto del esfuerzo humano en un ambiente hostil; supe cómo se puede hacer crecer la esperanza en el desierto. Me lo enseñaron mis mayores.

Aquí, conocí también, como muchos de ustedes, el enojo, la desesperación, a veces la impotencia ante un centralismo político que abrió un abismo entre lo que se llamó "el Centro" y "la Provincia".

Venturosamente, somos herederos de una sana rebeldía que viene de lejos.

Como nuestros hermanos rarámuris, que saben lo que es resistir en medio de climas extremos, el espíritu chihuahuense se ha forjado en el crisol de una permanente búsqueda de justicia para todos.

Por algo, en tiempos de tormenta, México se refugió en el desierto, según afortunada frase de nuestro entrañable José Fuentes Mares, que hizo de Paso del Norte, ahora Ciudad Juárez, capital de la República. Por algo, batallas decisivas de la Revolución Mexicana se libraron en este estado.

Aquí, por un dictado del corazón, inicié, hace más de medio siglo, mi camino en la política, buscando hacer realidad el ideal, por muchos compartido, de un México democrático y justo, con oportunidades para todos y no sólo para unos pocos afortunados, no siempre en forma merecida.

He sido un soñador. Pero, de ninguna manera he soñado solo. Porque la visión de un país próspero y generoso sigue siendo vigente aspiración que alienta el diario esfuerzo de muchos mexicanos, más allá de signos ideológicos. De mi arte, en lo que he podido hacer, siempre he tenido la idea de un México mejor.

Sin duda, Chihuahua y México enfrentan graves desafíos. La violencia del crimen organizado ha tocado las puertas de nuestras casas. Con su sombra de terror pretende minar nuestro espíritu.

Ante esa circunstancia, Chihuahua y México demandan lo mejor de nosotros. Tengamos la altura de miras para hacer un sólo frente contra quienes pretenden imponer el miedo, para someter voluntades.

Hagamos posible, mediante el diálogo, la unidad en lo esencial. Y no hablo de uniformidad acrítica, sino de la posibilidad real e inaplazable de construir acuerdos que nos permitan superar, unidos, la adversidad que juntos enfrentamos.

Hay otro reto que nos desafía a todos: el de la pobreza extrema. Es insultante la concentración de riqueza en pocas manos, frente a la gran necesidad de alimento, vestido y techo que padecen millones de personas marginadas, entre las que destacan, lamentablemente, los pueblos indígenas.

A su inadmisible pobreza, los descendientes de los dueños originarios de México suman el agravio de la discriminación, y del racismo todavía latente. Esa injusticia debe calar hondo en nuestra conciencia y movernos a la acción. Debemos hacer algo por remediar esos males sociales que no están ahí por generación espontánea, sino como resultado de nuestras acciones u omisiones.

Tengo la firme convicción de que los ciudadanos que hay en nosotros pueden hacer posible una sociedad más democrática y justa. Hoy, más que nunca, es el tiempo de ejercer a plenitud nuestra ciudadanía, para hacer valer el derecho que tenemos a mejores tiempos, de lucha siempre, sí, pero también de esperanza.

Ése es mi mayor anhelo y, estoy cierto, es también el de ustedes.



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