Weekly News

La Opinión de:
Edna Lorena Fuerte
Largo camino, pobre destino

20 de junio de 2011.

Luego de recorrer más de mil kilómetros, media República, desde Cuernavaca, hasta esta frontera, la Caravana por la Paz, o del Consuelo, según sea quien la nombre, terminó por hacer asamblea y firmar su pliego de peticiones o acuerdos en la vecina ciudad de El Paso. En el momento en que Javier Sicilia anuncio, en mitin en el Zócalo capitalino, su intención de hacer ese recorrido y signar en Ciudad Juárez un pacto por la reconstrucción nacional y la búsqueda de la paz, quienes vivimos en esta frontera reconocimos un gesto de solidaridad, llegar a dónde ha sido más golpeada la gente, dijeron, y desde ahí levantar el reclamo generalizado.

Pero ha llegado a nuestra ciudad una caravana que no es fácil de reconocer o, precisamente, conocemos muy bien a muchos de los componentes que “se sumaron” a ella y terminaron por dominar las formas y el fondo de lo que se vino a proponer. A lo largo de todo el país, este movimiento social, por llamarlo de alguna forma, ha levantado grandes esperanzas, esperábamos una voz y una propuesta distintas, esperábamos que esta caminata fue el comienzo de un camino que sabemos largo pero que debemos ir andando si queremos encontrar las claves de la transformación.

Pero, tristemente, en una asamblea que no reunió a más de millar y medio de personas, se signó un documento que parece más sacado de una asamblea de la discordancia, el sinsentido y los intereses sectarios. Muy atrás quedó el lenguaje autocrítico y ciertamente duro que le escuchamos a Lebrón durante los discursos del recorrido, atrás también el discurso humano, sensible y equilibrado que se le reconoce a Sicilia a pesar del dolor que es génesis de su recorrido. Aquí, en la frontera, el pliego de peticiones, o demandas, o lo que sea que se enumere en el documento parece haber sido hecho por cualquiera de los muchos que acostumbran subirse a los templetes propios o ajenos, pero no por ninguno de los que hasta ahora había sido voz de este movimiento.

Los juarenses, más allá de los que estuvieron o no en la plaza, de los que siguieron atentamente a la Caravana en todo su peregrinaje, o incluso de aquellos que hacen de la desesperanza e incredulidad su método de afrontar la realidad, nos quedamos con las ganas de ver el inicio de algo contundente en nuestra tierra, de que la puerta que somos para el país se abriera a una nueva conciencia. ¿Quiénes fueron los que redactaron ese documento, quiénes le quitaron la voz a los que recorrieron ese largo camino para hablar desde aquí, quiénes tuvieron la astucia de adueñarse de algo que, en principio, llamaba a ser de todos?

Con lo que hemos visto este fin de semana en nuestra frontera, con el documento que queda como resultado de la Caravana no podemos decir que haya nacido algo, no vemos en los puntos signados la viabilidad ni la vocación del acuerdo, vemos, una vez más, la división y el reproche, el grito sin sentido que se ahoga en una multitud de otros gritos, vemos también los rostros que se quieren ocultar detrás de las demandas legítimas para llevarlas al pozo sin fondo de los deseos incumplidos.

Esperábamos que de este largo camino, que fue recolectando a su paso historias de dolor, que se supondría hecho en la solidaridad y el aliento, surgieran acciones, un discurso novedoso construido a base de ideas simples y concretas, de un plan de acción hacedero. Ahora, peor que quedarnos con las manos vacías, nos quedamos con la misma acumulación de dolor e impotencia, concientes de que lo que se ha venido a hacer a esta nuestra frontera no va a ningún lado, en la ambición de llenar cada quién su propio molino, se nos ha ido la poca de agua de la esperanza a la tierra seca a donde sólo desaparece sin germinar nada.

Sin embargo, el movimiento no muere, no por los liderazgos legítimos que se mantienen, sino porque la realidad continua ahí exigiendo soluciones. Quisiéramos pensar que las verdaderas buenas voluntades podrán recuperar el espacio perdido, marcar un rumbo y diseñar un camino de ecuanimidad y acciones por el que se pueda transitar, que apueste a la suma y no a la división, que quite las máscaras de absurda radicalidad y cerrazón, que nos invite a la autocrítica y la acción. Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Gracias.



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